Isolé 

 

 

“En el comienzo, creemos avanzar hacia la luz; después, fatigados por una marcha sin fin, nos dejamos deslizar: la tierra, progresivamente menos firme, no nos soporta ya: se abre. En vano buscaríamos perseguir un trayecto hacia un fin soleado, las tinieblas se dilatan alrededor y por debajo nuestro.” (E.M. Cioran, “Resistencia a la noche”, Breviario de Podredumbre)

 

Muchos han sido los intentos por comprender la complejidad de la naturaleza humana. Muchas, también, las fórmulas que se han utilizado para definirla. Lo cierto es que, tomemos el camino que tomemos, siempre vamos a toparnos con un muro impenetrable, con un enigma indescifrable, con un vació que se extiende hasta el infinito, en fin, con la conciencia de que no es posible acceder a un conocimiento lúcido sobre nosotros mismos. Y es así, en equilibrio sobre un oscuro devenir, que existimos.

 

Isolé es una mirada a una de nuestras condiciones fundamentales: la soledad. Pero Isolé no quisiera sostener que, dadas tales o cuales condiciones sociales (individualismo posmoderno, capitalismo avanzado, etc.), el ser humano ha sido empujado a una situación de aislamiento. No es esta su intención. Más bien asume la desconexión como un carácter esencial de lo que significa ser un ser humano. Nuestra especie paga su evolución (su mente y su lenguaje) con un desgarro originario que lo separa del mundo, y lo aísla. Por ello, incluso en las situaciones supuestamente más colectivas (fiestas, festivales, conciertos, etc.), siempre estamos solos.

 

 

* Ficha técnica

 

Fotografía digital 

Blanco y negro

Medidas variables