Derivas (2010)

Ficha Técnica: Cartografía existencial sobre pared Dibujos y objetos Medidas variables

Ficha Técnica: Micro video: registro de actividades ordinarias Dispositivo: celular

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Ficha Técnica: Instalación sonora realizada con obejtos de uso cotidiano Medidas variables

Ficha Técnica: Video: registro diurno de derivas por la ciudad Duración: 60 minutos aproximadamente

Ficha técnica: Deconstrucción de representación cartográfica (ciudad antigua vs ciudad moderna) Mapa turístico sbre pared + lámpara de escritorio

Ficha Técnica: Video: registro nocturno de derivas por la ciudad Duración: 60 minutos aproximadamente

El presente proyecto proyecto busca pensar y experimentar en torno a la idea de “subjetividad nómada”.  Tomar esta idea como eje del proyecto es fundamental porque nos permite incluirnos a nosotros mismos, en tanto investigadores, en el proceso de reflexión. Así, nuestro proceso de experimentación adquiere un carácter absolutamente concreto y existencial, pues no pensaremos solamente sobre otros, en relación a un caso externo convertido artificialmente en objeto de estudio, sino más bien pensaremos desde y en nosotros mismos. No saldremos nunca de la inmanencia de nuestra propia existencia. Esto es posible, ya que el proyecto que desarrollaremos, titulado “Derivas. Hacia una subjetividad nómada”, se desarrollará justamente a partir de la experiencia del viaje. El carácter nómada de nuestra experiencia es su marca fundamental.

 

Durante estos meses asistiremos a un devenir personal que se expresa en dos movimientos: uno cuantitativo, evidente, explícito: el físico o espacial; otro cualitativo, oculto, implícito: el espiritual o temporal. De esta manera no solo nos trasladaremos de un lugar a otro, sino que también emprenderemos un viaje interior puramente intenso en el que se pone en juego lo más íntimo, lo más propio: nuestra propia subjetividad, nuestra memoria y nuestra fantasía, polos desde lo que se construye nuestra visión de mundo. Así, la construcción de nuestra propia identidad durante estos meses estará marcada por la experiencia del contacto, del encuentro, del intercambio con los otros, diferentes o iguales, pero siempre signados por una irreductible alteridad. Encuentro que puede llegar a ser una experiencia de don y gratitud o una experiencia de violencia y rechazo. Sea lo que sea, de todas formas nosotros estaremos en medio, haciendo la experiencia directa del camino, de la diferencia, de la otredad, de lo posible.

 

A partir de las coordenadas específicas dentro de las que se desarrollará nuestro proyecto y en función del concepto básico que estamos poniendo en juego (“subjetividad nómada”), entonces hemos creído pertinente trabajar con  un conjunto de conceptos que nos ayuden a pensar la experiencia a la que nos vamos a enfrentar. De este modo, recurriremos a la tríada “territorio”, “identidad”, “videncia”. Nuestra idea es que al asumir la subjetividad desde una perspectiva nómada se vuelve imperativo pensarla en relación a los tres conceptos recién mencionados. El nomadismo alude principalmente al carácter permanentemente transitorio de nuestra identidad (aunque sea paradójico, o justamente por ello). En este sentido, el sujeto nómada es un individuo que continuamente está transformándose, dejando de ser lo que era para llegar a ser otra cosa, deviniendo sin cansancio ni tregua.  Como escribió bellamente Rimbaud: “yo es otro”. La subjetividad no como una substancia, sino como un proceso.

 

La idea de “territorio” es clave en este contexto, pues siempre formamos nuestra identidad a partir de una relación particular con el territorio al que pertenecemos. En buena medida somos nuestras raíces. “Territorio” se complemente, además, con una serie de conceptos deleuzeanos muy interesante: tierra, desterritorialización y reterritorialización. Si el territorio alude a un espacio codificado o estriado a partir de un movimiento de socialización (valores, normas, prohibiciones, ideales, instituciones, costumbres, etc.), la tierra alude, dando un paso hacia atrás, hacia lo originario se podría decir, a un espacio puro, virgen o liso, debido a la ausencia de la signatura humana. Espacio idílico o utópico este último, pues nos es imposible salir plenamente de nuestro ser social. Sin embargo, el movimiento, la traslación, el paso, el devenir, el cambio sí es posible. De acá surge la pareja “desterritorialización”-“reterritorialización”. Ambos conceptos son muy importantes para comprender la noción de “subjetividad nómada”, pues son ellos los que activan el devenir que hace del sujeto un eterno viajero del desierto. El primero implica dejar un territorio, descodificarse o, en otras palabras, dejar de ser lo que se era. Es el inicio del devenir. El segundo implica adquirir un nuevo territorio, recodificarse, esto es, llegar a ser algo nuevo. Es el advenimiento del ser. Pero esto es solo una ilusión, pues inmediatamente, seamos conscientes de ello o no, se inicia un nuevo devenir, y así hasta que la muerte cesa con nuestra individuación y nos devuelve, ahí sí, a la Tierra.

 

Desde esta perspectiva, la posibilidad de decir “yo”, es decir, de autonombrarnos y darnos así una identidad a nosotros mismos pasa por nuestra relación con el territorio originario del que formamos parte. Sin embargo, debido a que nuestro proyecto es en sí mismo nómada, entonces nos enfrentaremos continuamente a la experiencia del explorador que es también la experiencia del esquivo nombre propio: nuevos territorios que caminar, con sus texturas, olores, climas, gentes, costumbres, valores, colores, recuerdos, gestos, historias, expectativas, dialectos, afectos, etc. Nos enfrentaremos, entonces, a la experiencia de lo nuevo, de la diferencia, de lo posible, del futuro, y con ello nuestro modo de ser durante estos meses será el del forastero, exiliado o mochilero, siempre fuera del hogar, desterritorializado, a medio camino entre dos lugares, sin territorio fijo donde edificar una casa, tal vez solo con pedazos de tierra donde alzar una carpa. De acá que la pregunta “¿quién soy yo?” ansiosamente perseguida por todos, por el sistema, sea -y esto el sujeto nómada lo sabe muy bien- la pregunta imposible. El nómada, entonces, al entrar en un juego seductor con los territorios que transita pone en peligro su identidad, olvida el nombre paterno y la caricia materna.

 

Finalmente, el tercer término importante que entra en relación con la idea de subjetividad nómada es “videncia”. ¿Qué somos capaces de ver? Es tal vez la pregunta más importante que los seres humanos deberíamos hacernos. ¿Qué vemos en el mundo? ¿A quiénes vemos? ¿Cómo los vemos? ¿Qué queremos ver? ¿Qué podemos ver? ¿Qué nos permiten ver? El territorio en el que formamos nuestra identidad nos otorga un campo de visión o una visión de mundo particular en función del conjunto de representaciones dominantes. Permanecer atado a un mismo territorio implica tener una visión de mundo reducida, empobrecida, mínima, acrítica. Significa tener simplemente un “pequeño mundo”. El perspectivismo, tan apreciado por Nietzsche, no es otra cosa que el desarrollo de la potencia de ver, esto es, el despertar en el hombre del tercer ojo, aquello que nos permite ver más allá de lo evidente, donde esto último alude a lo establecido, lo dado, lo normal, lo políticamente correcto, los clichés, los tópicos, los dogmas. Es decir, todo aquello que busca preservar una determinada forma de ver el mundo porque se considera la verdadera, la correcta, la ideal, etc. Es, en otras palabras, un ejercicio de dominación, expresión de poder en el sentido más negativo del término. La videncia es, entonces, liberación. Y representa el ejercicio más claro del pensamiento de un sujeto nómada, de un individuo que se ha entregado sin temor a la experiencia pura y directa de las mil caras que el mundo le ofrece.

 

A esto aspiramos en el proyecto. Queremos ver, pero para ello debemos primero dejar de ver. ¿Quiénes somos nosotros antes de iniciar este proyecto? ¿Quiénes seremos al final? Es algo que no se puede saber de antemano. Pero sin duda deseamos ser individuos distintos a aquellos que empezaron el proyecto. Y este deseo está más allá del bien y del mal, pues no pretendemos ser “mejores” en el sentido cristiano o cívico del término, queremos simplemente darle espacio a nuestra singularidad para que, en el ejercicio nómada de sí misma, pueda desplegar toda su potencia. Nuestro proyecto es, de esta forma, plenamente ético y político. Hay en él una pretensión abiertamente ética pues apunta a la “construcción de sí mismo”, a la formación del carácter, a la producción de la propia vida como una obra de arte. En este sentido, somos creadores: experimentamos el mundo con la finalidad de crearnos a nosotros mismos. Una estética de la existencia se expresa en nuestro proyecto. Es, también, un proyecto político, pues estamos convencidos de que el sujeto nómada no es nada sin los otros -amigos, enemigos, indiferentes-, que no puede ser significativamente si no es en relación directa con otros sujetos, también nómadas. En este sentido, la convivencia, la influencia recíproca y la complicidad son aspectos centrales del continuo andar y desandar el mundo de los sujetos nómadas, y, por supuesto, de nosotros mismos en el desarrollo de nuestro proyecto. Nuestra acción es, pues, micro-política.

 

Y es esta idea, la que me permite pasar a la explicación de cómo nuestro proyecto pretende impactar más allá de nosotros mismos. Definitivamente no queremos realizar una investigación que solamente contemple nuestra propia experiencia. Queremos ir más allá de ella y ponerla en contacto, principalmente, con los individuos, las culturas y la naturaleza. Pues son estos tres círculos, en sentido estricto, los que nos permiten activar nuestro propio devenir al entrar en contacto con nosotros; y somos nosotros, recíprocamente, los que activamos el devenir de ellos. Así, nuestro proyecto propone un “devenir mujer”, un “devenir otro” y “un devenir animal”, para usar la terminología de Deleuze y Guattari. Es en este contexto, el del encuentro con la diferencia -individuo, cultura y naturaleza-, que el trabajo performativo será fundamental. Las intervenciones en espacio público, el registro en video y fotografía (usando el formato digital y la película, registros que permiten experiencias distintas del mundo), las acciones imperceptibles, el intercambio, la actuación, entre otras maneras de pasar al acto nos servirán para romper, por un lado, con el solipsismo en el que caeríamos de ser solo investigadores objetivos que no entran en contacto directo con la realidad y, por otro lado, con el razonamiento meramente discursivo o conceptual que muchas veces es impotente para pensar el mundo y para transmitir una experiencia verdaderamente transformadora. De acá que, Jose y yo, fieles al nomadismo, busquemos desplazarnos del arte a la filosofía y, dentro de estos dos ámbitos, también deseamos trabajar con la mayor cantidad de herramientas y estrategias posibles. Buscaremos así hacer que nuestras experiencias sean lo más potentes y ricas dentro de lo posible, y que nuestra capacidad de intervenir y afectar la realidad alcance, también, umbrales insospechados.