After All the World's Futures (2016)

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“After All The World’s Futures” surge a partir de la experiencia de Alejandro León Cannock en su visita a la 56ª Bienal de Venecia. Es un trabajo que nace de la deriva y del azar como formas de experimentar el mundo. Es, asimismo, expresión del ánimo desencajado que embarga al sujeto cuando enfrenta su propia impotencia para pensar aquello que ve; experiencia recurrente ante eso que llamamos “arte contemporáneo”. Nos plantea, por tanto, una pregunta trascendental: ¿qué vemos en lo que vemos?

 

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Debido a su procedencia, las 9 fotografías que componen la exhibición se presentan como una representación del ecosistema artístico contemporáneo. Alterando el programa del dispositivo fotográfico, se han obtenido imágenes incorrectas: desenfocadas, mal encuadradas, sobre y sub expuestas. Se ha generado, así, una estética perversa que se aleja de la visualidad hegemónica en la historia de la fotografía: la que defiende la transparencia del medio y, con ella, la adecuación entre imagen, referencia y sentido.

 

Esta transgresión es una estrategia crítica para problematizar, por un lado, la objetividad que sostiene nuestra imagen del mundo; y, por el otro, la inteligibilidad de las producciones artísticas contemporáneas. De esta forma, estas fotografías no representan –con poco éxito– hechos del mundo del arte; más bien, presentan la distancia que nos aparta ­–insuperablemente– de su sentido.

 

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La exhibición se completa con una pieza hecha a partir del catálogo de la Bienal. Este también es una representación de aquel ecosistema: es un doble textual que transmuta un sistema de signos visuales en uno de signos verbales. Persigue, por ello, colmar la brecha que separa la obra del espectador y la vivencia del concepto. Sin embargo, como toda traducción, fracasa. Las ideas expuestas, aunque se efuercen por totalizar, están desfasadas: hay mucho o muy poco, pero nunca el sentido preciso.

 

Por ello, la pieza creada indica que la lectura del catálogo es también una deriva, pero esta vez a través del orden del discurso. Muestra que errando entre las palabras emergen ideas opacas, así como de las cosas surgieron imágenes opacas; ideas que, a medio camino entre el azar y el control, intentan definir provisionalmente conceptos del territorio artístico: creación, arte, artista, arte peruano, crítica, etcétera.

 

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De esta manera, las piezas que conforman la exposición no operan matemáticamente, sino mediante saltos, perturbaciones e iluminaciones. Exhiben, así, la naturaleza fallida de los signos y, por tanto, del pensamiento. Revelan que bajo toda forma significativa (figura, palabra o idea) hay un fondo oscuro de indeterminación dispuesto a engullirnos si perdemos el paso. Sugieren, finalmente, que la potencia de lo contemporáneo del arte radica en su capacidad para mostrarnos que el sentido siempre emana del sin-sentido y, por ello, que el arte es una expresión ejemplar de lo que define la humanidad del animal humano: la experiencia de la grieta.